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Se dice fácil pero quizá no es tanto, Maracaibo cumple hoy 486 años de historia en la tierra del sol amada

Bendecida por “La Chinita” desde épocas remotas, Maracaibo ha vivido mil cambios desde sus inicios, pero siempre manteniendo ese amor por el prójimo y el colorido de la gente que la hace diferente al resto de las ciudades del mundo.
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El origen del nombre Maracaibo es controvertido. A pesar de que estos hechos están debidamente documentados en registros históricos, los detalles son escasos y ambiguos, y han generado diversas interpretaciones, a tal punto de que una misma fuente histórica es citada de forma contradictoria en textos más recientes.
Algunos historiadores se limitan a mencionar que al momento de la primera fundación de la ciudad, el conquistador alemán Ambrosio Ehinger (castellanizado como Alfinger) escogió el nombre de Maracaibo o Maracaybo en honor de un «indio principal» o cacique de la zona de la desembocadura del lago. Otras fuentes le atribuyen a este personaje un gran liderazgo y una importancia emblemática en la región, aunque los datos sobre la extensión de sus dominios son ambiguos.
Durante los primeros años de su existencia, Maracaibo fungió como un muy importante puerto de enlace entre las zonas productivas del Sur del Lago y los Andes venezolanos (incluyendo Pamplona en la actual Colombia) y las rutas comerciales en el mar Caribe.
Administrativamente, Maracaibo dependió primero de Coro, y luego de Mérida. En 1777, Maracaibo pasó a depender en lo gubernativo y militar de la Capitanía General de Venezuela, con sede en Caracas, y en lo judicial de la Real Audiencia de Santo Domingo.
En la actualidad, la ciudad cuenta con construcciones coloniales, siendo una de las más populares “El Saladillo”. Pero no solamente hay vestigios coloniales en el casco central, sino que hay obras emblemáticas y de referencia de la ciudad como el puente General Rafael Urdaneta, basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá y la Catedral de San Pedro y San Pablo.